martes, 30 de julio de 2013

ES TIEMPO DE VACACIONES
Las esperamos tanto tiempo que acaban defraudando muchas veces.
Algunos las vivirán con la ilusión que nosotros no hemos puesto en este escribido.

                        

            Las ciudades comienzan a quedarse medio vacías, durante el día el calor y las playas cercanas dejan las calles sin gente. Cuando cae la tarde comienzan a salir los que quedan y los que vuelven del día junto al mar, las terrazas se llenan y la fresca hace suspirar a algunos:
-         ¡Qué bien se está aquí en verano!
Son los tópicos de no hay atascos, no hay colas, puedes aparcar, las tiendas están para ti sólo. La verdad es que hace mucho calor, que no llueve y la contaminación nos come, que el asfalto respira sol y que por la noche sin aire acondicionado estaremos perdidos. Agosto es un mes cruel para los habitantes de la ciudad que no pueden ir de vacaciones porque el presupuesto no da para más.
Los jubilados esperamos a que no haya gente en la playa o colas en las ciudades europeas, nosotros no sabemos ya de vacaciones ni de tensiones del trabajo, vivimos en aquel tiempo de saber disfrutar ahora de la ciudad y después de las playas medio vacías de setiembre. Nos cuesta mirar a las estrellas porque los años nos han acostumbrado a seguir la rutina de los relojes y la prisa de los días, las noches, llenas de neblina, no nos dejan soñar con el otro lado del universo porque nos hemos vuelto descreídos y adoradores de la nada.
Los jóvenes pueden marchar cuando quieran porque no necesitan grandes presupuestos y siempre están con la mano puesta para un detalle de los padres o de los abuelos para mejorar un nuevo idioma o descansar de su duro trabajo de estudiar. Si se quedan en la ciudad viven las noches con la velocidad de los amores y cuidan su calor con cervezas y gintónics. Ellos todavía creen en la eternidad de su tiempo aunque olviden atesorar recuerdos.
Los que marchan a las playas disfrutarán de su parcela de arena, de su carrera en la mañana por la playa, del chiringuito que aligera los bolsillos y de los paseos junto al mar cuando el atardecer llama a la luna. Tanta gente tantos días acabará pidiendo a gritos la normalidad del sofá y de los niños en el colegio, deshacerse del descanso que persiguieron ahorrando durante los meses de trabajo.
Los niños aceleran sus exigencias, se vuelven exigentes porque se saben los reyes del verano, no tienen rivales con que compartir atenciones como en clase. Pedirán hasta que los padres se cansen de dar o se afloje la bolsa de los tesoros y entonces torcerán el gesto y hasta pueden hacernos pensar que después del casal y el camping no les hemos dado lo suficiente y tenemos que jugar con ellos para que se sientan felices.



Nota: Estamos en vísperas de nada. Yo haría una ley expresamente para los que mientan en los casos de corrupción, por la transparencia, el que mienta al paro con el mínimo y controlar que viva exclusivamente de su trabajo. Hasta Rajoy y Cospedal, los únicos que no creen a Bárcenas, se lo pensarían dos veces… La infanta que no se entera está triste no puede contar por correo sus infidelidades.

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