ES TIEMPO DE VACACIONES
Las esperamos tanto tiempo que acaban defraudando muchas
veces.
Algunos las vivirán con la ilusión que nosotros no hemos
puesto en este escribido.

Las
ciudades comienzan a quedarse medio vacías, durante el día el calor y las
playas cercanas dejan las calles sin gente. Cuando cae la tarde comienzan a
salir los que quedan y los que vuelven del día junto al mar, las terrazas se
llenan y la fresca hace suspirar a algunos:
-
¡Qué bien se está aquí en verano!
Son los
tópicos de no hay atascos, no hay colas, puedes aparcar, las tiendas están para
ti sólo. La verdad es que hace mucho calor, que no llueve y la contaminación
nos come, que el asfalto respira sol y que por la noche sin aire acondicionado
estaremos perdidos. Agosto es un mes cruel para los habitantes de la ciudad que
no pueden ir de vacaciones porque el presupuesto no da para más.
Los jubilados
esperamos a que no haya gente en la playa o colas en las ciudades europeas,
nosotros no sabemos ya de vacaciones ni de tensiones del trabajo, vivimos en
aquel tiempo de saber disfrutar ahora de la ciudad y después de las playas
medio vacías de setiembre. Nos cuesta mirar a las estrellas porque los años nos
han acostumbrado a seguir la rutina de los relojes y la prisa de los días, las
noches, llenas de neblina, no nos dejan soñar con el otro lado del universo
porque nos hemos vuelto descreídos y adoradores de la nada.
Los jóvenes
pueden marchar cuando quieran porque no necesitan grandes presupuestos y
siempre están con la mano puesta para un detalle de los padres o de los abuelos
para mejorar un nuevo idioma o descansar de su duro trabajo de estudiar. Si se
quedan en la ciudad viven las noches con la velocidad de los amores y cuidan su
calor con cervezas y gintónics. Ellos todavía creen en la eternidad de su
tiempo aunque olviden atesorar recuerdos.
Los que
marchan a las playas disfrutarán de su parcela de arena, de su carrera en la
mañana por la playa, del chiringuito que aligera los bolsillos y de los paseos
junto al mar cuando el atardecer llama a la luna. Tanta gente tantos días
acabará pidiendo a gritos la normalidad del sofá y de los niños en el colegio,
deshacerse del descanso que persiguieron ahorrando durante los meses de
trabajo.
Los niños
aceleran sus exigencias, se vuelven exigentes porque se saben los reyes del
verano, no tienen rivales con que compartir atenciones como en clase. Pedirán
hasta que los padres se cansen de dar o se afloje la bolsa de los tesoros y
entonces torcerán el gesto y hasta pueden hacernos pensar que después del casal
y el camping no les hemos dado lo suficiente y tenemos que jugar con ellos para
que se sientan felices.
Nota: Estamos en vísperas de
nada. Yo haría una ley expresamente para los que mientan en los casos de
corrupción, por la transparencia, el que mienta al paro con el mínimo y
controlar que viva exclusivamente de su trabajo. Hasta Rajoy y Cospedal, los únicos
que no creen a Bárcenas, se lo pensarían dos veces… La infanta que no se entera
está triste no puede contar por correo sus infidelidades.
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