domingo, 28 de julio de 2013

ESTRELLA FUGAZ 3
No olvidemos mirar a las estrellas en la oscuridad.
Cada día podemos disfrutar de nuestro firmamento.

                                                  

            Ayer por la noche, desde una terraza de ciudad contaminada, buscaba en las estrellas formaciones dibujadas en la pantalla del ordenador, me acompañaba un niño que era quién más interés y sorpresa mostraba en sus hallazgos. Me resultó curioso ver como un niño miraba a las estrellas, algo que yo no hice hasta que fui muy mayor y la adolescencia me regalaba sentimientos que necesitaban de una noche estrellada para volver a la calma.
            Recordaba que una vez estuve entre dos cielos, contemplando la Osa Mayor y la Estrella del Sur. Cada país tiene su cielo e indudablemente cada persona crea su firmamento y dialoga con él en la oscuridad de la noche donde las miradas solamente tienen un espía, la luna. Allá en Ecuador tienen el cielo de los dos hemisferios, aquí solamente podemos aspirar a vislumbrar las estrellas en la neblina de la ciudad o huir a la negrura del campo para disfrutar del brillo del universo.
            Tumbado en un banco de piedra, junto a una cruz que manifiesta con machacona insistencia la supuesta catolicidad de España, he pasado mucho tiempo dejando que alumbren mi noche las estrellas. Siempre me ayudó a dejar de creer en la importancia de la Tierra y a sentir lo pequeñitas que se hacen las vidas cuando imaginas las dimensiones de lo que tienes ante los ojos, pero no me ponía triste porque al momento buscaba una estrella fugaz o una estrella parpadeante para dejar que mis sentimientos se desbordaran en una paz difícilmente inventada lejos de aquella quietud donde sucumbió la prisa y el ruido olvido su sonido.
            Siempre he pensado que solamente pueden creer que un dios personal les escucha aquellos que no dejaron descansar su noche en un banco de piedra y olvidaron mirar la lejanía de los astros. Antes se vendía un cielo más allá de la luz, posiblemente haya un sitio con respuestas donde nunca alcanzará a llegar el corazón que se conforma feliz contemplando las estrellas brillantes y esperando la luna.

            Si los niños, a través de la pantalla del ordenador, se acercan a las estrellas y las conocen podemos soñar que el futuro existe y no se llama exclusivamente dinero o cruda realidad. Los ojos de un niño pueden localizar sitios para soñar cuando se ponga tozuda y fea la verdad o los sentimientos les pidan un espacio para disfrutar de la compañía que ama y que no vive en el banco de piedra hasta que la luz de la mañana no aleje la noche. En agosto buscarán estrellas fugaces que les hablen de ilusión, teniendo como testigo a las estrellas lejanas que hace años decidieron enviarnos un mensaje de esperanza envuelta en versos luminosos.

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