ESTRELLA FUGAZ 3
No olvidemos mirar a las estrellas en la oscuridad.
Cada día podemos disfrutar de
nuestro firmamento.
Ayer
por la noche, desde una terraza de ciudad contaminada, buscaba en las estrellas
formaciones dibujadas en la pantalla del ordenador, me acompañaba un niño que
era quién más interés y sorpresa mostraba en sus hallazgos. Me resultó curioso ver
como un niño miraba a las estrellas, algo que yo no hice hasta que fui muy
mayor y la adolescencia me regalaba sentimientos que necesitaban de una noche
estrellada para volver a la calma.
Recordaba
que una vez estuve entre dos cielos, contemplando la
Osa Mayor y la Estrella del Sur. Cada
país tiene su cielo e indudablemente cada persona crea su firmamento y dialoga
con él en la oscuridad de la noche donde las miradas solamente tienen un espía,
la luna. Allá en Ecuador tienen el cielo de los dos hemisferios, aquí solamente
podemos aspirar a vislumbrar las estrellas en la neblina de la ciudad o huir a
la negrura del campo para disfrutar del brillo del universo.
Tumbado
en un banco de piedra, junto a una cruz que manifiesta con machacona
insistencia la supuesta catolicidad de España, he pasado mucho tiempo dejando
que alumbren mi noche las estrellas. Siempre me ayudó a dejar de creer en la
importancia de la Tierra
y a sentir lo pequeñitas que se hacen las vidas cuando imaginas las dimensiones
de lo que tienes ante los ojos, pero no me ponía triste porque al momento
buscaba una estrella fugaz o una estrella parpadeante para dejar que mis
sentimientos se desbordaran en una paz difícilmente inventada lejos de aquella
quietud donde sucumbió la prisa y el ruido olvido su sonido.
Siempre
he pensado que solamente pueden creer que un dios personal les escucha aquellos
que no dejaron descansar su noche en un banco de piedra y olvidaron mirar la
lejanía de los astros. Antes se vendía un cielo más allá de la luz,
posiblemente haya un sitio con respuestas donde nunca alcanzará a llegar el
corazón que se conforma feliz contemplando las estrellas brillantes y esperando
la luna.
Si
los niños, a través de la pantalla del ordenador, se acercan a las estrellas y
las conocen podemos soñar que el futuro existe y no se llama exclusivamente
dinero o cruda realidad. Los ojos de un niño pueden localizar sitios para soñar
cuando se ponga tozuda y fea la verdad o los sentimientos les pidan un espacio
para disfrutar de la compañía que ama y que no vive en el banco de piedra hasta
que la luz de la mañana no aleje la noche. En agosto buscarán estrellas fugaces
que les hablen de ilusión, teniendo como testigo a las estrellas lejanas que
hace años decidieron enviarnos un mensaje de esperanza envuelta en versos
luminosos.
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