domingo, 14 de julio de 2013

LA PAZ DE LA MONTAÑA
Cuando callan los coches y cantan los jilgueros.
Salir de la ciudad, al bosque de al lado, puede calmar las prisas.

                                File:LaMola.jpg
           
             Hoy he andado perdido por el Parc Natural de Sant Llorenç i l’Obac. Se llega desde Terrasa o desde Sabadell por la carretera de Talamanca. Es la misma carretera que lleva, con sus curvas, a Mura y al Coll d’Estenalles, camino de La Mola, del Montcau y de la cueva Simanya.
            En la Mola se encuentra el Monasterio de Sant Llorenç y subir al Montcau es una experiencia de paisajes preciosos desde una cima pelada. Muchas de las formas rocosas recuerdan lejanamente a Montserrat pero pueblos como Mura o Talamanca hacen el camino agradable con un final agradecido, pueblos encantadores.
            Yo me he desviado antes, he subido al otro lado para contemplar las cimas y el valle. Se ha hecho el silencio al poco tiempo. Sentado a la sombra he escuchado el canto de los mirlos y los jilgueros y observado el vuelo de la paloma torcaz. La brisa de la altura, acompañada de la soledad, me ha transmitido de nuevo calma y tranquilidad, igual que el otro día mirando el Mediterráneo en la playa desierta de la mañana.
            Mariposas de colores distraían mi pensamiento del paisaje de pinos, encinas y brezos. No ha pasado ningún avión, no he escuchado el motor de ningún coche, los seres humanos estaban más abajo y mirando el cielo de nubes blancas olía el paisaje recalentado por un sol de mediodía.
            Yo soy habitante de ciudad, me gusta vivir en sus calles, rodeado de gente y de ruidos, con la ventaja de tener las cosas necesarias cerca y la prisa acompañando el discurrir de los días. Quizá por eso cuando me acerco al mar o subo a la montaña me invaden unos pensamientos hermosos donde se mezcla la paz con el silencio y la soledad con el tiempo detenido. Sé que solamente puedo percibir estas sensaciones porque soy un extranjero que ha salido unos días de la vorágine de las prisas para sentarse a la sombra de un pino negro contemplando un cielo azul, limpio, tachonado de nubes blancas.
            No he vivido la noche con sus conciertos al atardecer, ni he encontrado jabalíes, que bajan a veces hasta la urbanización, ni ardillas que salten entre los árboles. Solamente trasmito ese sentimiento de paz, aquella sensación de que te podías quedar mucho tiempo allí arriba aunque sabes que tu sitio está abajo en la ciudad.
           

Nota: Estaban los sobres y cajas de puros en la contabilidad de Bárcenas, este señor era el hombre de confianza de Rajoy y el que manejaba todas las perras del PP. Hasta hace nada le pagaban un sueldo de superministro, tenía despacho en Genova y le enviaba el presidente del gobierno SMSs cuando ya estaba imputado.
            Que equivocados estáis: Bárcenas es un terrorista disfrazado que ha puesto Rubalcaba para salir de su miseria al que en el PP no conoce ni su padre..

            

1 comentario:

  1. Montaña! Elías, dices que no has vivido la noche por allá arriba, te lo recomiendo!!! Y si se acompaña del amanecer, mucho mejor. En salidas seminocturnas yo sí he oído y escuchado sonidos de los habitantes de la Mola.

    Saludos desde Mollet!!!

    ResponderEliminar