NO OLVIDEMOS VIVIR BONITO
Las vacaciones nos regalan tiempo para los sentimientos,
para la calma.
Disfrutar, sin prisas, de los momentos que encontramos o
soñamos.

La prisa no
parece buena consejera para acompañar a un viajero tan poderoso, haciendo
muchas cosas tenemos el peligro de que se nos olvide vivir y acabemos
persiguiendo al reloj desde la mañana hasta el momento de cerrar los ojos para
recuperarnos del cansancio de las mil obligaciones.
Levantarse con
la sonrisa de esperar sorpresas agradables, asomarse al espejo con la calma de
las vacaciones, pasear junto al mar nuestras energías renovadas, escapar del
sol antes de que se enfade y sentarse en una terraza llena de sombra a mirar el
calor absorbido por las sombrillas me parece una forma optimista de jugar con
el verano.
Llegarán los
momentos bellos en encuentros casuales, en miradas cómplices, en besos
explicados o en silencios que hablan con el cielo estrellado teniendo el tiempo
detenido. Todo puede guardarse, quizá escribirse, para saber de nuestra vida
mañana, para recordar en las prisas, en los enojos, en las zancadillas de la
salud y la rutina que nosotros hemos vivido muchas de las cosas que nunca hubiéramos
soñado.
Si tenemos la
suerte de estar en este lado del mundo, de los que llegan holgadamente a fin de
mes y pueden visitar el campo o la montaña si les gusta, tenemos una deuda
pendiente con el tiempo si no sabemos inventar historias más allá de las
preocupaciones de satisfacer las necesidades primarias. No podemos conformarnos
con mirarnos la barriga mientras el reloj nos va sumando fechas, tenemos la
obligación de soñar porque la realidad nos permite preocuparnos de cuidar otros
detalles.
Los que viven
en el otro lado, los que se quedaron en la ciudad donde ya quedan pocos porque
no tienen para más, lo tienen más difícil pero satisfacer lo básico acaba
siendo un placer que nosotros no sabemos valorar. Pueden tener sueños porque
algo puede ir a mejor algún día…
Irse a dormir,
respirar lento y profundo y dormir. Mañana volveré al espejo, a la sorpresa, a
correr junto al mar cuando el sol saluda a la mañana y no olvidaré que en algún
lugar del minutero viviré un momento para guardar en el baúl en el que acumulo los
regalos que va haciéndome el camino.
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