lunes, 23 de febrero de 2026

 

                                DÍA DE RECUERDOS

    Yo tenía 32 años, hacía 6 años que se había muerto Franco, es un decir, y el personal franquista no estaba por la labor de dejar de controlar absolutamente los poderes del Estado. Unos guardias civiles, seguros de si mismos, entraron en el Congreso de los Diputados, descargaron 4 tiros, mandaron al suelo a los diputados y se pusieron a esperar al “jefe” que debía de llegar de un momento a otro.

    Parece que todo fue un teatro para asustar al personal, que el ejército asomase la cara y España entera supiera que lo que había “quedado atado y bien atado” con la Constitución de 1978, que exoneraba a asesinos y mangantes de todas su fechorías pasadas, no se podía remover en exceso. Seguirían mandando los mismos con la cara mejor lavada…

    Yo tuve miedo, había visto cómo se las gastaban en el pasado y mis ideas y actos de aquellos años eran carne de cañón para hacerme pasar por el cuartelillo camino de la cárcel. Había salido a cenar con un amigo, estaba en el Frutos de Castellar disfrutando del conejo al ajillo que me encantaba y pasadas las 7 de la tarde comenzaron a llegar noticias de que Tejero había decidido acabar con la escasa democracia que disfrutábamos. No dejamos el conejo pero acojonados esperamos, cerrado el bar, hasta que apareció Juan Carlos a la 1 de la madrugada pensando si nos íbamos a Francia o cómo escondernos para evitar sustos desagradables.

    Juan Carlos quedó como un “rey”, como un salvador de España cuando los papeles de mañana espero que aclaren que lo sabía todo y que su amigo Armada era un montaje para que nadie se moviera, más allá de los que ellos querían, de España y quedara reforzada su imagen de salvador de la patria.

    Suárez lo sabía, cien militares también, el ejército deseando entrar en acción y los españoles respiramos porque les dejaban aquel trocito de democracia y podíamos volver a casa sin pasar por el cuartelillo.

    A callar, a tragar, a conformarnos con el caramelo que nos habían regalado y a advertir a los que vinieran que todo estaba “atado y bien atado” y que el que se movía no salía en la fotografía. Todo un teatro...bien montado...hasta yo volvía casa...

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