lunes, 24 de junio de 2013

NO ME VIGILEN, YO NO TENGO ARMAS QUÍMICAS
Cada día los ciudadanos estamos más desprotegidos y somos un poco menos libres.
Quiero que Snowden llegue a Ecuador y haga una butifarra a Estados Unidos.

                                            
  
            Últimamente todos nos vamos dando cuenta de que el respeto a la intimidad y a la privacidad es un cuento chino que se saltan los estados, ayuntamientos y empresas privadas cuando les sale de las narices. El otro día vu una película en la que se sigue el rastro de una persona por el mundo a base de cámaras de vigilancia y se mueven más deprisa los perseguidores que el que huye. Estoy seguro de que todos estamos bien controlados y que cualquier anomalía o salida de lo normal se detecta, se investiga y, si es preciso, se persigue legal o ilegalmente.
        Edward Joseph Snowden tiene treinta años recién estrenados y su delito es haber cumplido como ciudadano su obligación, denunciar los delitos de su gobierno, EEUU. En el corazón de la Agencia de Seguridad Nacional americana existe un grupo selecto de piratas informáticos y espías, poco conocido, cuyo objetivo son los enemigos de Estados Unidos en el extranjero. A partir de aquí todo está bien. Si lo hace otro país en Estados Unidos es terrorismo y acaban en Guantánamo los sospechosos, si lo hacen ellos es por la seguridad del planeta. Estos, como en España los políticos, también tienen diferentes varas para medir la justicia.
            Me admiran estas personas que arriesgan su vida acomodada, su seguridad y su tranquilidad para denunciar injusticias. No son pobres, son personas ricas, con una vida estable y con su futuro más que resuelto. Lo que os digo…envidia me dan, lo mismo que me infunden respeto quienes se atreven a enfrentarse al todopoderoso gigante norteamericano que es el dios que imparte los principios de justicia y ética en el mundo. Cargado de bombas atómicas persigue a quienes quieren tener una… ellos son buenos, los otros son malos y los carnets los reparten ellos.
            Las redes sociales están llenas de espías que vulneran la privacidad sin preguntar al juez, aunque da lo mismo porque estos jueces dan permisos cuando les interesa a los poderosos. Nuestros móviles son de acceso permitido a la menor sospecha y desconocemos hasta donde están nuestras casas, calles y personas vigiladas. Me siento mal porque los ciudadanos ven normal que te graven en la calle, en la tienda, en medio de un beso o con las tetas bronceándose en la playa. Deben existir límites, debemos ser guardianes de la poca intimidad que nos queda, tenemos que pedir leyes que protejan a los ciudadanos porque no todos tenemos armas químicas para detonarlas mañana en el metro.
           


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