OS DESEO UN VERANO FELIZ
Los niños siempre a vuestro lado…
La playa abarrotada acompañando vuestro descanso…
Las cerezas, la luna y las estrellas acariciando un cuerpo
dorado por el sol.

¡¡¡Ha
llegado el verano!!!
Esa
estación maravillosa en la que puedes sudar sin descanso en el coche si no
tienes aire acondicionado, ir a la playa para disfrutar de los vecinos una vez
que encuentras sitio para extender tu toalla y, sobre todo, esos meses en que
nuestros encantadores angelitos no tienen colegio y podemos disfrutar de sus
interminables días hasta no poder más… del gusto de tenerles.
Marchó
nuevamente la primavera dejando la vida en el paisaje, especialmente este año
en que fue inmensamente generosa la lluvia. Ha sido un placer ver como la
naturaleza despertaba y como los insectos disfrutaban de la abundancia, sobre
todo las mariposas volando incansables en su efímera labor de alimentarse y
hacer posibles nuevas vidas al trasladar el polen de flor en flor.
Pero
volvamos al verano. Es ese maravilloso momento en que, estando parados, debemos
hacer frente a nuestro estatus en el pueblo o inventar aquellas vacaciones que teníamos
la costumbre de contar en setiembre. No podemos quedarnos en la ciudad rodeados
de inmigrantes auque los ricos cuenten las delicias del tráfico tranquilo y los
paseos y bares nocturnos agradables. Hará calor como siempre, los niños pedirán
la piscina y los helados y nosotros renunciaremos a aquellas cervezas en una
terraza con unas tapas…será un bonito verano.
Ya
sabemos que recogeremos los frutos que florecieron en primavera, que muchos
encontraron trabajo para sustituir o atender a quienes si veranean, que
podremos ponernos morenos y dejar en el armario mucha de la ropa que nos
aprisionaba en invierno y que podremos escuchar la música de las motos de
madrugada, como las horas en el reloj de la iglesia, al dormir con las ventanas
abiertas.
Pero
sobre todo destaca el regalo de 24 horas con nuestros hijos, incansables y
exigentes a los que se nos olvido poner el chip del aburrimiento como algo que
acompaña algunos ratos de los días si no aprendemos a gestionarlos en
solitario. Tenemos que buscar soluciones si trabajamos, tendremos que comprar
paciencia si estamos todo el día con ellos, debemos pagar siempre para mantener
esas horas que desearemos devolver a aquel colegio que tanto criticamos durante
el curso. Es el momento de gloria de los centros educativos, los padres
aprendiendo el día a día de sus hijos.
Pero
no todo es eterno. El baño en el agua refrescante, la cerveza fría, las noches,
las estrellas fugaces, las cerezas, el calor de la mañana para quien madruga y
la luz del Mediterráneo que viene a buscar media Europa y que nosotros apenas
valoramos. Es momento de vacaciones, de amistades nuevas, de tiempo detenido,
de rutinas rotas, de sueños por los que luchar y de oportunidades para
construir una convivencia más razonable con nuestros hijos, obligándoles a esperar
y a aburrirse, a disfrutar de la naturaleza y a dejarles sentir nuestros abrazos
de vez en cuando.
Cada
uno lleva en el corazón el verano que merece, espero que el mío sepa inventarlo
bonito y que cada uno de los que nos encontramos en estas líneas acierte a inventar
mejores razones que yo en los viajes, en los libros, en las personas que le
rodean o en ese rincón de cielo donde en unos día poder hablar con las luna
llena.
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