sábado, 22 de junio de 2013

OS DESEO UN VERANO FELIZ
Los niños siempre a vuestro lado…
La playa abarrotada acompañando vuestro descanso…
Las cerezas, la luna y las estrellas acariciando un cuerpo dorado por el sol.
                        
                              

            ¡¡¡Ha llegado el verano!!!
            Esa estación maravillosa en la que puedes sudar sin descanso en el coche si no tienes aire acondicionado, ir a la playa para disfrutar de los vecinos una vez que encuentras sitio para extender tu toalla y, sobre todo, esos meses en que nuestros encantadores angelitos no tienen colegio y podemos disfrutar de sus interminables días hasta no poder más… del gusto de tenerles.
            Marchó nuevamente la primavera dejando la vida en el paisaje, especialmente este año en que fue inmensamente generosa la lluvia. Ha sido un placer ver como la naturaleza despertaba y como los insectos disfrutaban de la abundancia, sobre todo las mariposas volando incansables en su efímera labor de alimentarse y hacer posibles nuevas vidas al trasladar el polen de flor en flor.
            Pero volvamos al verano. Es ese maravilloso momento en que, estando parados, debemos hacer frente a nuestro estatus en el pueblo o inventar aquellas vacaciones que teníamos la costumbre de contar en setiembre. No podemos quedarnos en la ciudad rodeados de inmigrantes auque los ricos cuenten las delicias del tráfico tranquilo y los paseos y bares nocturnos agradables. Hará calor como siempre, los niños pedirán la piscina y los helados y nosotros renunciaremos a aquellas cervezas en una terraza con unas tapas…será un bonito verano.
            Ya sabemos que recogeremos los frutos que florecieron en primavera, que muchos encontraron trabajo para sustituir o atender a quienes si veranean, que podremos ponernos morenos y dejar en el armario mucha de la ropa que nos aprisionaba en invierno y que podremos escuchar la música de las motos de madrugada, como las horas en el reloj de la iglesia, al dormir con las ventanas abiertas.
            Pero sobre todo destaca el regalo de 24 horas con nuestros hijos, incansables y exigentes a los que se nos olvido poner el chip del aburrimiento como algo que acompaña algunos ratos de los días si no aprendemos a gestionarlos en solitario. Tenemos que buscar soluciones si trabajamos, tendremos que comprar paciencia si estamos todo el día con ellos, debemos pagar siempre para mantener esas horas que desearemos devolver a aquel colegio que tanto criticamos durante el curso. Es el momento de gloria de los centros educativos, los padres aprendiendo el día a día de sus hijos.
            Pero no todo es eterno. El baño en el agua refrescante, la cerveza fría, las noches, las estrellas fugaces, las cerezas, el calor de la mañana para quien madruga y la luz del Mediterráneo que viene a buscar media Europa y que nosotros apenas valoramos. Es momento de vacaciones, de amistades nuevas, de tiempo detenido, de rutinas rotas, de sueños por los que luchar y de oportunidades para construir una convivencia más razonable con nuestros hijos, obligándoles a esperar y a aburrirse, a disfrutar de la naturaleza y a dejarles sentir nuestros abrazos de vez en cuando.

            Cada uno lleva en el corazón el verano que merece, espero que el mío sepa inventarlo bonito y que cada uno de los que nos encontramos en estas líneas acierte a inventar mejores razones que yo en los viajes, en los libros, en las personas que le rodean o en ese rincón de cielo donde en unos día poder hablar con las luna llena.

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