UN ATARDECER EN BUSCA DE
SUEÑOS
Aún es posible soñar cuando el barco se aleja en el mar.
La gaviota retiene su vuelo sabiendo del peligro de la
tempestad.
Sentado
en la playa, dejándose acunar por el morir de unas olas cálidas, contempla la
puesta de sol, un sol envuelto en una neblina blanca que ha perdido la prisa e
inunda de colores el azul del cielo. Las mañanas fueron cortas y las tardes
rutinarias hasta llegar a la orilla del agua en la tarde, donde el horizonte
sin límites deja camino a los sentimientos, a los recuerdos y a la calma.
Con
sus manos revuelve los secretos hermosos que un día tras otro fue enterrando en
la arena, ayudado por el batir de las olas que borraron el rastro de los
tesoros que guardó en su caminar por los días de bonanza. Sus ojos, perdidos en
el azul oscuro de estas horas, acarician uno a uno los momentos para volver a
enterrarlos en el mismo sitio, para poder cada tarde visitarles sin renunciar a seguir abriendo nuevos hoyos donde esperar la noche.
Apunta
la luna clara en los colores del atardecer. Un barco rompe con suavidad la
calma de la mar, se aleja de la costa en busca de aventuras, de misterios, de
momentos eternos que detengan el reloj del tiempo y entierren la rutina en las
profundidades. Deja a sus velas blancas llenarse de deseo, con el timón se
dirige al horizonte incierto de lo desconocido y gira la vista hacia la costa
llena de seguridades y adornada con palmeras.
Una
gaviota gravita sobre la playa, donde ha desaparecido aquel hombre mayor
persiguiendo la estela blanca de un velero cargado de promesas. Parece sentir
la tentación de seguir al barco y alimentarse de sus sueños, compartir sus
secretos y regresar algún día cargado de momentos a ocupar nuevos espacios con
sus secretos en la arena de la playa. Se hace tarde, el sol oculta su forma y
solamente deja la fuerza de su color cuando la gaviota interrumpe su quietud y
vuela camino del horizonte conociendo que el camino vale la pena aunque siempre
acecha el peligro de la tempestad.
La
luna llena se apodera de la tarde, colores suaves y formas grandes junto al horizonte.
El hombre de la playa y la gaviota piden en secreto que se detenga el tiempo
porque aún no han alcanzado los sueños que persiguen en su mar.
Bello
atardecer al lado de la noche cuando la ilusión es capaz de transformar las
horas en instantes y los minutos en momentos. La playa solitaria recibe los
susurros que transportan las olas y decide guardar en un baúl blindado los
mensajes que silba el viento. Quizá algún día alguien, sentado junto al agua,
pueda leer los secretos que escribió la brisa.
Paro porque sino me enrollo. No
se si sabe a poesía pero lo he intentado.

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