jueves, 25 de julio de 2013

UN ATARDECER EN BUSCA DE SUEÑOS
Aún es posible soñar cuando el barco se aleja en el mar.
La gaviota retiene su vuelo sabiendo del peligro de la tempestad.

                                          Atardecer rojizo

            Sentado en la playa, dejándose acunar por el morir de unas olas cálidas, contempla la puesta de sol, un sol envuelto en una neblina blanca que ha perdido la prisa e inunda de colores el azul del cielo. Las mañanas fueron cortas y las tardes rutinarias hasta llegar a la orilla del agua en la tarde, donde el horizonte sin límites deja camino a los sentimientos, a los recuerdos y a la calma.
            Con sus manos revuelve los secretos hermosos que un día tras otro fue enterrando en la arena, ayudado por el batir de las olas que borraron el rastro de los tesoros que guardó en su caminar por los días de bonanza. Sus ojos, perdidos en el azul oscuro de estas horas, acarician uno a uno los momentos para volver a enterrarlos en el mismo sitio, para poder cada tarde visitarles sin renunciar a seguir abriendo nuevos hoyos donde esperar la noche.
            Apunta la luna clara en los colores del atardecer. Un barco rompe con suavidad la calma de la mar, se aleja de la costa en busca de aventuras, de misterios, de momentos eternos que detengan el reloj del tiempo y entierren la rutina en las profundidades. Deja a sus velas blancas llenarse de deseo, con el timón se dirige al horizonte incierto de lo desconocido y gira la vista hacia la costa llena de seguridades y adornada con palmeras.
            Una gaviota gravita sobre la playa, donde ha desaparecido aquel hombre mayor persiguiendo la estela blanca de un velero cargado de promesas. Parece sentir la tentación de seguir al barco y alimentarse de sus sueños, compartir sus secretos y regresar algún día cargado de momentos a ocupar nuevos espacios con sus secretos en la arena de la playa. Se hace tarde, el sol oculta su forma y solamente deja la fuerza de su color cuando la gaviota interrumpe su quietud y vuela camino del horizonte conociendo que el camino vale la pena aunque siempre acecha el peligro de la tempestad.
            La luna llena se apodera de la tarde, colores suaves y formas grandes junto al horizonte. El hombre de la playa y la gaviota piden en secreto que se detenga el tiempo porque aún no han alcanzado los sueños que persiguen en su mar.
            Bello atardecer al lado de la noche cuando la ilusión es capaz de transformar las horas en instantes y los minutos en momentos. La playa solitaria recibe los susurros que transportan las olas y decide guardar en un baúl blindado los mensajes que silba el viento. Quizá algún día alguien, sentado junto al agua, pueda leer los secretos que escribió la brisa.


Paro porque sino me enrollo. No se si sabe a poesía pero lo he intentado.

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