“YO TENGO UN SUEÑO”
Luther King lo repetía mucho y
quizá por eso le asesinaron.
Cincuenta años después sigue
habiendo muchos motivos para soñar cambios pero son pocos los que se arriesgan
a luchar por conquistarlos.
Cuesta tan poco aceptar que somos
todos iguales y tanto vivir de acuerdo con lo que manifestamos…
Hay
personas que han marcado muchos momentos en la vida de las personas: Gandhi,
Jesús, Mahoma, Che Guevara, el comandante Marcos, Mao… pero hay uno
especialmente significativo porque era negro en un país donde mandaban los
blancos y era pacifista en un país donde la guerra era y es un negocio
lucrativo. Martin Luther King (Martín Lutero) era recibido en los movimientos
sociales de los años sesenta como un carismático personaje que retaba al
gobierno más poderoso del mundo y criticaba la guerra y la pobreza al mismo
tiempo que defendía los derechos de los negros.
En
1955 una mujer negra se negó a ceder su asiento a un blanco, como la obligaba
la ley, y fue arrestada. El boicot a los autobuses hizo que se declarara en
1956, después de muchos meses, ilegal la segregación
en los autobuses, escuelas, restaurantes y otros lugares públicos. Luther King,
con 26 años, lideraba aquel movimiento.
El
28 de agosto de 1963, hará 50 años, repitió ante la multitud una frase que quizá
todos deberíamos recordar de vez en cuando “Yo tengo un sueño”. Su sueño no duró mucho pues sería asesinado en
1968 porque quizá los sueños bonitos no son permitidos a las personas normales
y mucho menos a los negros en ese país que da lecciones de democracia. Esto
pasaba cuando yo era joven, no hace cuatrocientos años.
Entre
2000 y 2010 la tasa de encarcelamiento de afroamericanos en EE.UU. fue siete
veces superior a la de los blancos. Si hemos aprendido algo y comenzamos a
pensar que todos somos seres humanos, quizá podamos sospechar que hoy les dejan
quedarse sentados en el autobús, ir a escuelas de blancos, sentarse a cenar en
un restaurante de lujo e incluso tener un presidente que luzca su mismo color,
pero sibilinamente están siendo discriminados de la misma forma que hace
cincuenta años.
Alguien
podría soñar que homosexuales y lesbianas tienen los mismos derechos que los
heterosexuales, que quién decide protestar contra las desigualdades no es un
terrorista, que los millones de refugiados que perdieron todo en esas guerras
llenas de intereses económicos merecen algo mejor que una tienda de campaña. En
un mundo donde sobran tantas cosas en este lado cuesta soñar que alguien
intente cambiarlo para repartir lo que sobra entre las personas que intentan
sobrellevar la única vida que tienen.
“Yo tengo un sueño”. Cincuenta años después
de Luther King las cosas no han mejorado pero cada vez son menos quienes se
atreven a salir a las calles para estrellarse contra los tanques o las balas de
goma.
Cada
día somos más los cobardes que al caer la noche y salir la luna hablamos de nuestros
sueños con las estrellas. Me gustaba ver la energía que trasmitía al defender
sus ideas Martin Luther King, me gusta cuando las personas que tengo a mi
alrededor son capaces de abandonar la rutina y se atreven a gritar “Yo tengo un sueño”.
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