sábado, 25 de enero de 2014

EGIPTO, CUANDO SE PISA LA ESPERANZA
Ya tenemos otro país lleno de bombas y de muertos.
Occidente se cargó el gobierno legítimo y propició un golpe de estado. Muchos murieron defendiendo su democracia, olvidados, y ahora buscarán venganza…

                                   
             Había una vez un país con apariencia de normalidad donde acudían los turistas para disfrutar de un barco por el Nilo, contemplar las pirámides y vivir el ambiente de las ciudades árabes. Podemos hablar de un país que es el doble de extenso que España y que también tiene casi el doble de nuestra población, 15 millones viven en El Cairo, a pesar de grandes zonas despobladas por la presencia del desierto.
            Su principal fuente de ingresos era el turismo que ha sido exterminado para ayudar a que nuestro Pinocho saque pecho con la recuperación económica porque muchos de sus turistas han buscado nuestro sol y nuestros buenos precios. Tenían un presidente, Mubarak, que llevaba treinta años en el poder y que se defendía lejos de las ideas y costumbres de lo que nosotros llamamos democracia. El país tenía desigualdades, injusticias manifiestas, analfabetismo femenino por encima del 50 %, pero tiene una esperanza de vida alta, en torno a los sesenta años, y una dependencia de la tiranía de la religión que no nos es ajena a nosotros en estos momentos.
            Aquella alabada primavera árabe acabó con el poder del llamado dictador, que lo era, y propiciaron unas elecciones libres, controladas por los occidentales que tienen el libro de la sabiduría, y eligieron un parlamento y un presidente. Mohamed Morsi, el presidente elegido con libertad según el libro de occidente no les gustó a las potencias occidentales porque pretendía “imponer” un gobierno islámico como había prometido en la campaña electoral.
            Debieron advertirle que una cosa era prometer  en el programa electoral y otra hacer lo que se ha prometido. Debieron enviar a Pinocho para que con toda claridad viera los beneficios de tan sabía costumbre, prometer y hacer lo contrario de lo prometido. Morsi debió encontrar raro eso de prometer y no cumplir y tiró por el camino recto a llevar a cabo sus reformas. Loco engreído se creyó con poder para desobedecer a sus sabios consejeros e inmediatamente se agitaron las plazas, nuevamente occidente, y los militares sacaron los tanques a la calle y derrocaron al presidente que había elegido la mayoría absoluta de los egipcios.
            No solamente lo derrocaron, que estaría bien por intentar hacer lo que había prometido y para lo que fue votado, sino que lo encarcelaron, le nombraron terrorista y a sus seguidores los persiguieron, los asesinaron y les declararon fuera de la ley. Su partido, los Hermanos Musulmanes, fue declarado ilegal y peligroso. Decidieron hacer una nueva constitución porque había que arreglar aquel golpe de estado con una sorpresa democrática. Volvieron a votar y con el 40 % de votantes quedó aprobada y lista para lavar la cara a los militares en el poder.
            Los periódicos, las televisiones, los gobiernos de occidente, unánimemente, aplaudieron el golpe de Estado. ¡Qué jeta la de esos egipcios que quieren hacer lo que les da la gana en su tierra! ¡Viva la democracia! Que consiste en hacer lo que le viene en gana a los occidentales que tienen intereses en su canal y en conseguir vecinos amigos para su protegido Israel.
            Ya tenemos el comienzo de un nuevo Irak, Afganistán, Siria, Libia… cuando aparecen los muertos y las bombas solamente piensan… si ya lo decíamos nosotros que son terroristas, que si les pones en orden se dedican a hacer cosas malas…

            La luna llora porque el tiempo se detenga y no se perpetúe la espera de aquellos pueblos que quieren gobernarse sin el yugo de Israel y de occidente.

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