jueves, 11 de julio de 2013

GUARDIOLA, UNA SINFONÍA IRREPETIBLE
Bonitos son los recuerdos y necesario para siempre el respeto.
Inventó, con juncos de la Masía, un cesto sin fisuras, milagro al alcance de nadie.
                                     

            Muchos de los que me seguís sabéis que soy aficionado a todos los deportes y especialmente al baloncesto. Antes, cuando era joven, me gustaba el fútbol e intentaba dar alguna a derechas por esos campos de tierra. Todos eran de algún equipo, sobre todo del Madrid y del Barça, y yo me hice del Zaragoza con once años sin percatarme que en el 2013 estaríamos de nuevo en segunda división. Entonces el Zaragoza era un equipazo, su delantera era conocida como los cinco magníficos, y yo admiraba a un jugador que se llamaba Violeta (¡¡¡menuda nombre!!!) que llevaba el número 4. No jugué en ningún equipo con otro número.
            Vale, era la introducción. Me gusta que pierda el Madrid y el Barça cada domingo, aunque últimamente, con la pasta que mueven, tengo menos porvenir que un espía sordo. Como no soy de ninguno de los dos puedo atreverme a hablar hoy de Guardiola. Jugaba con mi número cuatro y distribuía juego con una habilidad que hacia parecer un obrero de la construcción a Xavi cuando le necesitaban. Mandaba en el Barça y en la selección con una carencia de fuerza física manifiesta y un carácter nervioso que parecía desaparecer cuando le dejaban un balón a sus pies. Creo que a todos los amantes del fútbol nos gustaba como hoy pueden gustar Casillas o Busquets.
            Tenía algo más que explotó sin compasión el madridismo. Además de pensar en el campo no ocultaba que leía en casa y que le gustaba la poesía, la buena música y el teatro. Algo iba demasiado bien y los madridistas comenzaron a insultar sus aficiones con apelativos que para nada merecía.
            Un día Laporta le dejó el equipo para salvar una moción de censura, todos pensamos que no pasaría de la cuarta jornada y a punto estuvo de sucumbir en un partido con el Numancia. Lo de después es historia conocida por todos. Valentía, imaginación, compromiso con la cantera, personalidad, mano dura en el vestuario, trabajo incansable de preparación de entrenamientos y partidos, un equipo de apoyo compacto y algunos errores que tuvo que reconocer. Nombres como Zlatan Ibrahimovic (el fichaje más caro realizado en la historia del Fútbol Club Barcelona), Dmytro Chigrinsky, Alexander Hleb o Martín Cáceres son un buen ejemplo de lo que no se debe fichar.
            Creó una maravilla de equipo, envidia del mundo entero, con jugadores de la Masía. Siempre he pensado que fue él y no Cruyff quien inventó este Barça que ha durado un año más porque las cosas no acaban de repente.
            Escribo todo esto porque me hizo disfrutar del fútbol y ahora, como en otras ocasiones, no se está siendo justo con él. Hasta hay algunos que le comparan con Mouriño y seguidores del Barça que parece que olvidaron cada uno de los momentos irrepetibles que les regaló. Parece que Thiago, que hasta ayer había que colocarle en algún equipo, es un robo que pretende Guardiola, un diablo que ha maltratado a Tito Vilanova.
            Si algo me joroba de Guardiola es que sea tan del Barça y que tenga una idea de país muy diferente que la mía, pero me encanta haber elevado el gusto por la lectura y el amor a la poesía y a la música con la valentía del que sabe que no todos los deportistas dejaron de estudiar cuando cobraron el primer millón.

            Espero que en el Bayer componga una sinfonía parecida a la que hizo sonar durante años en el Camp Nou. Me joroba que hable alemán, porque no lo entiendo, pero el fútbol habla todos los idiomas. Pep, me cabrea la gente desagradecida y los que crean insidias, espero que como tantas otras veces aciertes con el camino para volver a acercarte a las estrellas y compartir tus secretos con la luna.

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