GUARDIOLA, UNA SINFONÍA
IRREPETIBLE
Bonitos son los recuerdos y necesario para siempre el
respeto.
Inventó, con juncos de la Masía , un cesto sin fisuras, milagro al alcance
de nadie.

Muchos
de los que me seguís sabéis que soy aficionado a todos los deportes y
especialmente al baloncesto. Antes, cuando era joven, me gustaba el fútbol e
intentaba dar alguna a derechas por esos campos de tierra. Todos eran de algún
equipo, sobre todo del Madrid y del Barça, y yo me hice del Zaragoza con once
años sin percatarme que en el 2013 estaríamos de nuevo en segunda división.
Entonces el Zaragoza era un equipazo, su delantera era conocida como los cinco
magníficos, y yo admiraba a un jugador que se llamaba Violeta (¡¡¡menuda
nombre!!!) que llevaba el número 4. No jugué en ningún equipo con otro número.
Vale,
era la introducción. Me gusta que pierda el Madrid y el Barça cada domingo,
aunque últimamente, con la pasta que mueven, tengo menos porvenir que un espía
sordo. Como no soy de ninguno de los dos puedo atreverme a hablar hoy de
Guardiola. Jugaba con mi número cuatro y distribuía juego con una habilidad que
hacia parecer un obrero de la construcción a Xavi cuando le necesitaban.
Mandaba en el Barça y en la selección con una carencia de fuerza física
manifiesta y un carácter nervioso que parecía desaparecer cuando le dejaban un
balón a sus pies. Creo que a todos los amantes del fútbol nos gustaba como hoy
pueden gustar Casillas o Busquets.
Tenía
algo más que explotó sin compasión el madridismo. Además de pensar en el campo
no ocultaba que leía en casa y que le gustaba la poesía, la buena música y el
teatro. Algo iba demasiado bien y los madridistas comenzaron a insultar sus
aficiones con apelativos que para nada merecía.
Un
día Laporta le dejó el equipo para salvar una moción de censura, todos pensamos
que no pasaría de la cuarta jornada y a punto estuvo de sucumbir en un partido
con el Numancia. Lo de después es historia conocida por todos. Valentía,
imaginación, compromiso con la cantera, personalidad, mano dura en el
vestuario, trabajo incansable de preparación de entrenamientos y partidos, un
equipo de apoyo compacto y algunos errores que tuvo que reconocer. Nombres como
Zlatan Ibrahimovic (el fichaje más caro realizado en la historia del Fútbol
Club Barcelona), Dmytro Chigrinsky, Alexander Hleb o Martín Cáceres son un buen
ejemplo de lo que no se debe fichar.
Creó
una maravilla de equipo, envidia del mundo entero, con jugadores de la Masía. Siempre he pensado que
fue él y no Cruyff quien inventó este Barça que ha durado un año más porque las
cosas no acaban de repente.
Escribo
todo esto porque me hizo disfrutar del fútbol y ahora, como en otras ocasiones,
no se está siendo justo con él. Hasta hay algunos que le comparan con Mouriño y
seguidores del Barça que parece que olvidaron cada uno de los momentos
irrepetibles que les regaló. Parece que Thiago, que hasta ayer había que
colocarle en algún equipo, es un robo que pretende Guardiola, un diablo que ha
maltratado a Tito Vilanova.
Si
algo me joroba de Guardiola es que sea tan del Barça y que tenga una idea de país
muy diferente que la mía, pero me encanta haber elevado el gusto por la lectura
y el amor a la poesía y a la música con la valentía del que sabe que no todos
los deportistas dejaron de estudiar cuando cobraron el primer millón.
Espero
que en el Bayer componga una sinfonía parecida a la que hizo sonar durante años
en el Camp Nou. Me joroba que hable alemán, porque no lo entiendo, pero el fútbol
habla todos los idiomas. Pep, me cabrea la gente desagradecida y los que crean
insidias, espero que como tantas otras veces aciertes con el camino para volver
a acercarte a las estrellas y compartir tus secretos con la luna.
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