JUGANDO AL MUS Y MERENDANDO
EN EL HUERTO
Buenos psiquiatras para desengancharse de la prisa y de la desesperanza.
Cada día miles de personas buscan aquel momento en que la
vida queda acunada en el mejor de los sueños.
Hoy
he tenido una sorpresa agradable porque mis amigos han suspendido sus
vacaciones lejanas y hemos coincidido para jugar nuestra partida de mus. Jugar
al mus en Catalunya cinco castellanos durante veinte años no es un tema menor.
Hace falta que a todos nos guste con locura jugar, tener una concordia a prueba
de bombas y disfrutar de unas horas semanales en que, entre broma y broma,
alejamos tensiones y preocupaciones.
Evidentemente
no arreglamos los problemas olvidándolos ni el mundo va mejor porque le
ignoremos ocho horas a la semana, pero nosotros creo que nos sentimos muy bien
y en casa cuando preguntan dónde estamos responden:
-
En el psiquiatra.
No vamos a
desprestigiar a esta profesión comparándola con nuestros envites y órdagos,
pero algo se notará en casa, aparte de nuestro cubata, cuando está tan valorado
nuestro esparcimiento común. Cuando todo va deprisa, negativo, emponzoñado, en
crisis no es poca cosa tener un lugar donde compartir con los amigos cuatro
comentarios intrascendentes y picantes sabiendo que estás en la compañía que
deseas.
Al acabar la
partida he ido a merendar a un huerto de ciudad, habitado por un ciudadano que
tiene, como muchísimos de nosotros, recuerdos de su procedencia rural. Creo que
más que trabajar la tierra lo que se busca es la tranquilidad, la paz, acabar
con la prisa y dejar crecer a la naturaleza a su ritmo, intentando que no acabe
nadie con su proceso productivo. En resumen, tener un psiquiatra al lado que
nos recete un trabajo físico para vencer el ritmo caótico de la sociedad que
nos rodea.
Allí en el
huerto hasta las gallinas tienen nombre y los gatos acceso al veterinario, las
herramientas primitivas, las ilusiones productivas limitadas y el esfuerzo
controlado para no lastimar la vida y disfrutar de cada fruta, de cada lechuga
o de aquel calabacín que aderece los huevos de la gallina campestre en una
sabrosa tortilla. Las patatas, las cerezas, las sandias, las peras… son adornos
para disfrutar de la tranquilidad de un esfuerzo compensado generosamente por
la tierra: plantamos, regamos, cuidamos y la simiente crece, pequeño milagro
para satisfacer el corazón de las personas que invierten sus horas en la
soledad de su huerto.
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