jueves, 9 de enero de 2014

LA INFANTA NO SABE LAS CUATRO REGLAS
Deberían mandarla a la escuela porque debió de estar ocupada aprendiendo como utilizar ser hija de su madre para vivir mejor que una princesa.
Ahora vive en la pobreza. Paga 5000 euros de alquiler al mes, 30.000 euros del cole de cada hijo y aún no han comenzado a comer, viajar y relacionarse con la alta sociedad.
Gasta, firma, obedece…no se entera de nada…. ¡Feministas decidle algo!
                        
                                                 
Y no sabe las cuatro reglas. Se llama Cristina Federica Victoria Antonia de la Santísima Trinidad de Borbón y Grecia y tiene 48 años. Si la palman los seis primeros de la línea de sucesión sería reina de España y no sabe sumar y restar después de pasarse la vida trabajando en la banca. Licenciada en Ciencias políticas, con un máster en relaciones internacionales y haciendo las prácticas en la Unesco en París, ha estado tan ocupada que no le ha dado tiempo a aprender a dividir.
No nos importa si corrigió su miopía y su astigmatismo o si es rubia porque se tiñe. Tampoco vamos a juzgar el ojo de la Caixa para nombrarla directora del Área Social de la entidad donde existen programas con dinero fresco que han tentado a muchos dirigentes de nuestras queridas cajas de ahorro y perversión…
En 2004 compraron un palacete en Pedralbes por seis millones de euros e invirtieron 3 millones de euros más en ponerle patas arriba a gusto de la infanta, con 7 habitaciones, 10 baños, un salón de 120 metros cuadrados, jardín con vistas a la ciudad y hasta una piscina de agua salada, la familia disfrutaba de total lujo e intimidad.  Ese mismo año compraron dos pisos, con plazas de garage y un trastero en un edificio de Palma de Mallorca por 450.000 euros bajo el nombre de la empresa en la que figuran los dos esposos, Aizoon, el que tiene la culpa de todo y la que no se entera de nada…
Como no sabe las cuatro reglas nunca se ha parado a pensar que sumando todos los ingresos familiares no llegaban ni a pagar la hipoteca del susodicho palacete. Colegios, vestidos, viajes, comidas, seguridad, coches… eso no cuadraba y como no sabía restar pues le dejó a Urdangarín, gran jugador de balonmano, que hiciera las cuentas y cuadrase el balance familiar.
Estos pobrecillos, perseguidos por republicanos impresentables que quieren dañar a la monarquía, abandonan Barcelona y su palacete para intentar apagar el fuego de las imputaciones que comenzaba a crear ambiente de peligro para la corona en la Zarzuela. Se van a Nueva York con el jugador de balonmano nombrado directivo de Telefónica Internacional USA, otros pagando peaje a la corona, a vivir en un piso por el que pagaban 13.000 euros al mes, que según Urdangarín era parte del peaje que aportaba la empresa por el bien de España.
Todos estaban al tanto de las tropelías que había llevado a cabo la parejita que nos ocupa y, ocultando los delitos a la justicia, intentaron echar tierra donde ya ardía la cruz del martirio. El rey, inviolable, no tiene que dar cuenta de comisiones o favores, de regalos o devoluciones, de queridas o cacerías, para eso es el rey, nombrado por Franco para que todo quedara atado y bien atado en la España que ellos robaron y mangonearon.
Cristina pretende demostrarle al juez que no sabe las cuatro reglas, que no trabaja en la banca, que vive de sus ahorros y que acepta los principios de aquel obispo del sur que plantea la labor de la mujer como una persona sumisa, obediente, que no ha roto un plato y que no se entera de nada. ¡Feministas, decid algo!

                                  



No hay comentarios:

Publicar un comentario