Deberían mandarla a la escuela porque debió de estar ocupada
aprendiendo como utilizar ser hija de su madre para vivir mejor que una
princesa.
Ahora vive en la pobreza. Paga 5000 euros de alquiler al mes,
30.000 euros del cole de cada hijo y aún no han comenzado a comer, viajar y
relacionarse con la alta sociedad.
Gasta, firma, obedece…no se entera de nada…. ¡Feministas
decidle algo!

Y no sabe las
cuatro reglas. Se llama Cristina Federica Victoria Antonia de la Santísima Trinidad
de Borbón y Grecia y tiene 48 años. Si la palman los seis primeros de la línea
de sucesión sería reina de España y no sabe sumar y restar después de pasarse
la vida trabajando en la banca. Licenciada en Ciencias políticas, con un máster
en relaciones internacionales y haciendo las prácticas en la Unesco en París, ha estado
tan ocupada que no le ha dado tiempo a aprender a dividir.
No nos importa si
corrigió su miopía y su astigmatismo o si es rubia porque se tiñe. Tampoco
vamos a juzgar el ojo de la
Caixa para nombrarla directora del Área Social de la entidad
donde existen programas con dinero fresco que han tentado a muchos dirigentes
de nuestras queridas cajas de ahorro y perversión…
En 2004 compraron un
palacete en Pedralbes por seis millones de euros e invirtieron 3 millones de euros
más en ponerle patas arriba a gusto de la infanta, con 7 habitaciones, 10 baños, un salón de 120 metros cuadrados ,
jardín con vistas a la ciudad y hasta una piscina de agua salada, la familia
disfrutaba de total lujo e intimidad. Ese mismo año compraron dos pisos, con plazas
de garage y un trastero en un edificio de Palma de Mallorca por 450.000 euros
bajo el nombre de la empresa en la que figuran los dos esposos, Aizoon, el que
tiene la culpa de todo y la que no se entera de nada…
Como no sabe las cuatro
reglas nunca se ha parado a pensar que sumando todos los ingresos familiares no
llegaban ni a pagar la hipoteca del susodicho palacete. Colegios, vestidos,
viajes, comidas, seguridad, coches… eso no cuadraba y como no sabía restar pues
le dejó a Urdangarín, gran jugador de balonmano, que hiciera las cuentas y
cuadrase el balance familiar.
Estos pobrecillos,
perseguidos por republicanos impresentables que quieren dañar a la monarquía, abandonan
Barcelona y su palacete para intentar apagar el fuego de las imputaciones que
comenzaba a crear ambiente de peligro para la corona en la Zarzuela. Se van a Nueva York
con el jugador de balonmano nombrado directivo de Telefónica Internacional USA,
otros pagando peaje a la corona, a vivir en un piso por el que pagaban 13.000
euros al mes, que según Urdangarín era parte del peaje que aportaba la empresa
por el bien de España.
Todos estaban al tanto
de las tropelías que había llevado a cabo la parejita que nos ocupa y,
ocultando los delitos a la justicia, intentaron echar tierra donde ya ardía la
cruz del martirio. El rey, inviolable, no tiene que dar cuenta de comisiones o
favores, de regalos o devoluciones, de queridas o cacerías, para eso es el rey,
nombrado por Franco para que todo quedara atado y bien atado en la España que ellos robaron y
mangonearon.
Cristina pretende
demostrarle al juez que no sabe las cuatro reglas, que no trabaja en la banca,
que vive de sus ahorros y que acepta los principios de aquel obispo del sur que
plantea la labor de la mujer como una persona sumisa, obediente, que no ha roto
un plato y que no se entera de nada. ¡Feministas, decid algo!
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