viernes, 10 de enero de 2014

UN MINISTRO DEL INTERIOR MUY PELIGROSO
Las libertades van siendo secuestradas, ya solamente disponemos de la esfera privada.
Este ministro nos roba la paz y enciende fuegos difíciles de apagar.
Wert y Gallardón son mucho menos peligrosos…
                                           Caricatura del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz.

              Ya hemos hablado dos días de él pero es que cada mes que pasa se vuelve más peligroso. Ya no se conforma con poner multas escandalosas a cualquiera que fuma un porro y se pone a conducir al día siguiente más tranquilo que cualquiera, tampoco le parece suficiente convertir en terroristas a quienes exigen a los políticos que cumplan sus programas electorales y respeten la libertad de los ciudadanos.
            Yo creo que para él quienes se manifiestan son chusma impresentable que no tiene mejor cosa que hacer y se dedica a molestar el buen funcionamiento del tráfico y la vida de los señores honorables que disfrutan de la seguridad de tener trabajo o dinero abundante. Todos dicen que hay libertad de manifestación pero cada vez se etiqueta como sujetos peligrosos a quienes ejercen ese derecho, no digamos nada si se atreven a acercarse al Parlamento o a la casa de alguno de sus amiguetes políticos.
            Ahora ya no será el juez quién decida sobre esos manifestantes sino la palabra de unos policías  que harán ley ejecutiva su punto de vista y nos enviarán a reclamar para posiblemente no ser escuchados. Estamos perdiendo guerras importantes pensando que ni nosotros ni nuestros hijos serán rozados por sus leyes neofascistas que intentar imponer el orden por encima de la justicia.
            Hablo de él hoy porque, quemado Wert y fusilado Gallardón,  es el estandarte que se utiliza para el despiste de los problemas que tenemos para llegar a final de mes y para pagar los impuestos. Jorge Fernández es un hombre peligroso, integrado en la secta del OPUS y en el anticatalanismo combatiente, que con sus insultos y descalificaciones está decidido a convertirse en el brazo armado de la ley, sin llegarle a Torrente ni a la altura de su masculinidad…
            En el país vasco está provocando enfrentamientos que solamente no crean víctimas por la paciencia que en estos momentos está teniendo ETA porque le ha ido muy bien el las elecciones. El sabe que el PP necesita a ETA para llenar sus alforjas de los votos de la España profunda y se niega a cerrar un proceso que Rubalcaba, denostado líder de la oposición, le dejó servido en bandeja. La paz le importa un carajo, se muestra chulo y faltón, provocando a la calle para ver si pierden los nervios y se mantiene la tensión. Le ayudan ese grupo de víctimas que le hacen aparecer menos ultraderecha de lo que realmente es.
            Estas tensiones en Catalunya y Euskadi están llevando al país a una situación límite que esté ministro alimenta con la desfachatez de quien está poco preocupado del bienestar de los españoles. Suspender la manifestación de mañana a favor de los presos es una cacicada que no respeta la presunción de inocencia, que el PP y otros reclaman para los chorizos de la política y de las cajas de ahorro. Hasta la derecha más tranquila del PNV ha tenido que saltar a la palestra para llamarle al orden.
            Está bien que no negociaran con ETA cuando a sus miembros les podían quemar en cal viva o hacerles desaparecer en nombre de aquel franquismo centralista asesino que velaba por la paz, el orden y la unidad de la patria. Ahora que no matan desde hace mucho tiempo se niega a sentarse a hablar con ellos cuando es hora de cerrar un proceso doloroso para muchas personas de los dos bandos.
            Algunos han olvidado la represión que sufrió este país durante décadas y la valentía de ETA en aquel momento para hacerles frente. Quizá no eligieron el momento de parar sus ejecuciones porque vieron que los asesinos que visitaban sus tierras conseguían la amnistía de una transición que traicionó a muchas personas que habían luchado por la libertad. Cuando ahora se habla desde la ultraderecha de asesinos a mi me viene una sonrisa amarga cargada de recuerdos de víctimas que no solamente no han sido respetadas sino que son ninguneadas por nuestros ínclitos dirigentes.

            Da miedo que gobierne España un partido que acoge en su seno a personas como el ministro del interior. La paz será mucho más difícil y la libertad se convertirá en un hilo muy fino que se romperá si protestas porque pueden ponerte su etiqueta preferida: terrorista…

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