UN MINISTRO DEL INTERIOR MUY
PELIGROSO
Las libertades van siendo secuestradas, ya solamente
disponemos de la esfera privada.
Este ministro nos roba la paz y enciende fuegos difíciles de
apagar.
Wert y Gallardón son mucho menos peligrosos…

Ya hemos hablado dos días de él
pero es que cada mes que pasa se vuelve más peligroso. Ya no se conforma con
poner multas escandalosas a cualquiera que fuma un porro y se pone a conducir
al día siguiente más tranquilo que cualquiera, tampoco le parece suficiente
convertir en terroristas a quienes exigen a los políticos que cumplan sus
programas electorales y respeten la libertad de los ciudadanos.
Yo
creo que para él quienes se manifiestan son chusma impresentable que no tiene
mejor cosa que hacer y se dedica a molestar el buen funcionamiento del tráfico
y la vida de los señores honorables que disfrutan de la seguridad de tener
trabajo o dinero abundante. Todos dicen que hay libertad de manifestación pero
cada vez se etiqueta como sujetos peligrosos a quienes ejercen ese derecho, no
digamos nada si se atreven a acercarse al Parlamento o a la casa de alguno de
sus amiguetes políticos.
Ahora
ya no será el juez quién decida sobre esos manifestantes sino la palabra de
unos policías que harán ley ejecutiva su
punto de vista y nos enviarán a reclamar para posiblemente no ser escuchados.
Estamos perdiendo guerras importantes pensando que ni nosotros ni nuestros
hijos serán rozados por sus leyes neofascistas que intentar imponer el orden
por encima de la justicia.
Hablo
de él hoy porque, quemado Wert y fusilado Gallardón, es el estandarte que se utiliza para el
despiste de los problemas que tenemos para llegar a final de mes y para pagar
los impuestos. Jorge Fernández es un hombre peligroso, integrado en la secta
del OPUS y en el anticatalanismo combatiente, que con sus insultos y
descalificaciones está decidido a convertirse en el brazo armado de la ley, sin
llegarle a Torrente ni a la altura de su masculinidad…
En
el país vasco está provocando enfrentamientos que solamente no crean víctimas
por la paciencia que en estos momentos está teniendo ETA porque le ha ido muy
bien el las elecciones. El sabe que el PP necesita a ETA para llenar sus
alforjas de los votos de la
España profunda y se niega a cerrar un proceso que Rubalcaba,
denostado líder de la oposición, le dejó servido en bandeja. La paz le importa
un carajo, se muestra chulo y faltón, provocando a la calle para ver si pierden
los nervios y se mantiene la tensión. Le ayudan ese grupo de víctimas que le
hacen aparecer menos ultraderecha de lo que realmente es.
Estas
tensiones en Catalunya y Euskadi están llevando al país a una situación límite
que esté ministro alimenta con la desfachatez de quien está poco preocupado del
bienestar de los españoles. Suspender la manifestación de mañana a favor de los
presos es una cacicada que no respeta la presunción de inocencia, que el PP y
otros reclaman para los chorizos de la política y de las cajas de ahorro. Hasta
la derecha más tranquila del PNV ha tenido que saltar a la palestra para
llamarle al orden.
Está
bien que no negociaran con ETA cuando a sus miembros les podían quemar en cal
viva o hacerles desaparecer en nombre de aquel franquismo centralista asesino
que velaba por la paz, el orden y la unidad de la patria. Ahora que no matan
desde hace mucho tiempo se niega a sentarse a hablar con ellos cuando es hora
de cerrar un proceso doloroso para muchas personas de los dos bandos.
Algunos
han olvidado la represión que sufrió este país durante décadas y la valentía de
ETA en aquel momento para hacerles frente. Quizá no eligieron el momento de
parar sus ejecuciones porque vieron que los asesinos que visitaban sus tierras
conseguían la amnistía de una transición que traicionó a muchas personas que
habían luchado por la libertad. Cuando ahora se habla desde la ultraderecha de
asesinos a mi me viene una sonrisa amarga cargada de recuerdos de víctimas que
no solamente no han sido respetadas sino que son ninguneadas por nuestros ínclitos
dirigentes.
Da
miedo que gobierne España un partido que acoge en su seno a personas como el
ministro del interior. La paz será mucho más difícil y la libertad se convertirá
en un hilo muy fino que se romperá si protestas porque pueden ponerte su
etiqueta preferida: terrorista…
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