ME TOMARÉ UN CUBATA DE VEZ EN
CUANDO
Cuando cumpla los propósitos que me voy marcando.
El tiempo no se detiene solo, debemos buscar momentos que le
hagan eterno.
Tenemos tantas cosas para regalar a quienes amamos que, a
veces, se nos escapan de las manos.

Menuda
putada esa de que el sol tarde 365 días en dar la vuelta a la Tierra y no se olvide ningún
año de correr para dejarnos intentar detener el tiempo. El tiempo es algo muy
objetivo, medido con relojes de segunderos, pero también increiblemente subjetivo. Creo que no tiene nada que ver mi percepción con la de una persona
de dieciocho años y es lógico porque a los dos no nos queda el mismo tramo de
vida para intentar disfrutar.
El
tiempo parece acelerarse a medida que cumples años a partir de los cincuenta y
cada primero de enero surgen las prisas por escribir propósitos, abandonar
placeres o acojonarte porque ya se escapó otro sin apenas enterarte. El
problema es que normalmente nos acordamos ayer y hoy de la necesidad de mejorar
nuestra vida y la mayoría volvemos a la rutina de las estaciones envuelta en el
horario semanal. Seguiremos esperando el viernes, semana santa, el verano y
otra vez navidad pero olvidamos excesivas veces probar a detener el ritmo del
tiempo del reloj de los años contados.
Todos
hemos vivido momentos mágicos en los que el tiempo parece detenerse y se
suspende cuanto nos rodea. Momentos intensamente felices o momentos
intensamente trágicos, en ambos casos momentos vividos fuera de la racionalidad
del reloj. Todos sabemos que buscar esas vivencias, junto a las personas a las
que amamos, es lo más bello que podemos hacer y excesivas veces nos olvidamos
de pelear por poder disfrutarlos.
Con
frecuencia hablamos de dejar de fumar, de bajar el consumo de alcohol, de
abandonar los porros o de comenzar una dieta que recomponga nuestro físico. Yo,
que ya he tenido que dejar casi todas esas cosas, he pensado cinco propósitos
que pienso repasar cada sábado en un examen de conciencia que me enseñaron a practicar
cuando estaba en el seminario:
-
Pasar más tiempo con las personas que amo y decírselo
para hacer bonitos los encuentros.
-
Perder menos tiempo con los personajes que no me dicen
nada.
-
Pelearme por tener cada día algún detalle hermoso con quienes
me rodean.
-
Buscar en una mirada o en un te quiero el momento de
suspender el paso del tiempo.
-
Pedir perdón a la luna cada vez que me enfade por
tonterías.
De vez en
cuando tomaré un cubata para premiar mi constancia y me pararé a leer un buen
libro, a escuchar una canción bonita o a contemplar un atardecer iluminado por
el sol que se despide. Creo que estas pequeñas cosas me ayudarán a no olvidar
mis cinco puntos del examen de conciencia.
Quizá consiga
tener otras sensaciones, aunque soy consciente de que la Tierra no dejará de correr
y que el tiempo seguirá siendo limitado. Estoy seguro que podré esconder en mi
baúl de los recuerdos momentos mágicos que se enfrenten a la rutina que
intentará derrotarme.
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