VALIÓ LA
PENA SER MAESTRO
Una alumna me ha puesto el corazón en un puño con sus
recuerdos.
Es hermoso vivir y sentir la cercanía de las personas allá
en el límite del olvido.
Valió la pena el viaje y acompaña mi barco el recuerdo de
personas entrañables.
Existen
momentos especialmente agradables en que algunas personas nos reconcilian con
la existencia a través de su generosidad. He trabajado de maestro durante más
de treinta años, he tenido la suerte de disfrutar de mi trabajo y he recibido
tanto en Can Oriach, en el Rudera, como en Alcorcón o Mollet más alegrías de
las que nunca pude imaginar cuando de rebote aterricé de interino en una
escuela de un barrio de Sabadell.
Cuando
llegó la hora de jubilarme retiré mis barcos de la orilla y busque nuevos
horizontes en los que seguir disfrutando de lo efímero en un intento de
congelar el tiempo y convertir en eternos los momentos bellos. Cuando me retiro
a escribir es uno de aquellos soliloquios en los que me siento cerca y lleno de
vida. Cuando convivo con la gente que quiero y que me quiere sé que poseo
riquezas que muchos millonarios no llegaran a rozar. Al viajar por las calles,
ciudades y países de esta Tierra, que se nos deshace a pedazos, siento esas
nuevas experiencias como un tiempo adicional que el reloj añade a mi vida en
los paisajes que llenan de colores mis miradas.
Todo
esto estaba dentro de la normalidad hasta que un día a través del Factbook comencé
a recibir mensajes que ya no esperaba. Fueron llenando aquellos primeros años
de retiro alumnos que contaban sentimientos y vivencias que me sonrojaban
porque jamás pensé que yo podía ser culpable de experiencias tan entrañables.
Con el tiempo se han hecho mayores y me imagino me he convertido en un recuerdo
agradable y distante que se mezclará con el olvido porque vivencias más
importantes han sido creadas por aquellas personas a las que vi crecer a mi
lado. Este fue siempre mi sueño que aquellas personas que vivían horas de su
adolescencia junto a mí, y a muchos otros, crecieran y cogieran fuerzas para
pelearse con la vida y vencer.
Hace
muy pocos días se me encogió el corazón cuando recibí este mensaje de alguien,
con el que estoy unido por una sonrisa cómplice de pasillo de instituto, que
tiene un gran corazón y que expresa sentimientos con la elegancia de un futuro
escritor/a. Me ruborice porque después de ocho años aún no habitaba en el
ambiguo límite que separa el recuerdo del olvido, estaba vivo en el sentir de
alguien y tenía la bandita ocurrencia de contármelo. Muchos profesores no tendrán
la suerte de encontrar alumnos como el/ella que puedan otorgarles la certeza de
que su esfuerzo vale, valió y valdrá la pena.
“Maestro!
Espero que todo vaya como mereces...porque ahora que estoy acabando la carrera
de magisterio y se lo que implica...me esfuerzo y no recuerdo a nadie que me
haya enseñado mas que tú...reflexiono y espero que algún día me puedan admirar
de la misma manera que te admiran a ti tantos y tantos alumnos....profesor...amigo....maestro
de los grandes! Cuídate y lleva la vida que mereces! Un fuerte abrazo! Ya
ves...día nostálgico!”
Yo ya he disfrutado de sus palabras
y de su cercanía espero que muchos otros puedan pensar que sus alumnos
sintieron algo parecido en algún momento de su relación con estos adolescentes
que tantas veces nos hacen dudar de que valga la pena ser maestro. A aquellos
alumnos que tuvieron detalles similares conmigo durantes estos años les animo a
que sigan siendo generosos con quienes ponen corazón y dedicación en su trabajo
como educadores.
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