jueves, 30 de enero de 2014

VALIÓ LA PENA SER MAESTRO
Una alumna me ha puesto el corazón en un puño con sus recuerdos.
Es hermoso vivir y sentir la cercanía de las personas allá en el límite del olvido.
Valió la pena el viaje y acompaña mi barco el recuerdo de personas entrañables.

                                      
                    
            Existen momentos especialmente agradables en que algunas personas nos reconcilian con la existencia a través de su generosidad. He trabajado de maestro durante más de treinta años, he tenido la suerte de disfrutar de mi trabajo y he recibido tanto en Can Oriach, en el Rudera, como en Alcorcón o Mollet más alegrías de las que nunca pude imaginar cuando de rebote aterricé de interino en una escuela de un barrio de Sabadell.
            Cuando llegó la hora de jubilarme retiré mis barcos de la orilla y busque nuevos horizontes en los que seguir disfrutando de lo efímero en un intento de congelar el tiempo y convertir en eternos los momentos bellos. Cuando me retiro a escribir es uno de aquellos soliloquios en los que me siento cerca y lleno de vida. Cuando convivo con la gente que quiero y que me quiere sé que poseo riquezas que muchos millonarios no llegaran a rozar. Al viajar por las calles, ciudades y países de esta Tierra, que se nos deshace a pedazos, siento esas nuevas experiencias como un tiempo adicional que el reloj añade a mi vida en los paisajes que llenan de colores mis miradas.
            Todo esto estaba dentro de la normalidad hasta que un día a través del Factbook comencé a recibir mensajes que ya no esperaba. Fueron llenando aquellos primeros años de retiro alumnos que contaban sentimientos y vivencias que me sonrojaban porque jamás pensé que yo podía ser culpable de experiencias tan entrañables. Con el tiempo se han hecho mayores y me imagino me he convertido en un recuerdo agradable y distante que se mezclará con el olvido porque vivencias más importantes han sido creadas por aquellas personas a las que vi crecer a mi lado. Este fue siempre mi sueño que aquellas personas que vivían horas de su adolescencia junto a mí, y a muchos otros, crecieran y cogieran fuerzas para pelearse con la vida y vencer.
            Hace muy pocos días se me encogió el corazón cuando recibí este mensaje de alguien, con el que estoy unido por una sonrisa cómplice de pasillo de instituto, que tiene un gran corazón y que expresa sentimientos con la elegancia de un futuro escritor/a. Me ruborice porque después de ocho años aún no habitaba en el ambiguo límite que separa el recuerdo del olvido, estaba vivo en el sentir de alguien y tenía la bandita ocurrencia de contármelo. Muchos profesores no tendrán la suerte de encontrar alumnos como el/ella que puedan otorgarles la certeza de que su esfuerzo vale, valió y valdrá la pena.

            Maestro! Espero que todo vaya como mereces...porque ahora que estoy acabando la carrera de magisterio y se lo que implica...me esfuerzo y no recuerdo a nadie que me haya enseñado mas que tú...reflexiono y espero que algún día me puedan admirar de la misma manera que te admiran a ti tantos y tantos alumnos....profesor...amigo....maestro de los grandes! Cuídate y lleva la vida que mereces! Un fuerte abrazo! Ya ves...día nostálgico!


            Yo ya he disfrutado de sus palabras y de su cercanía espero que muchos otros puedan pensar que sus alumnos sintieron algo parecido en algún momento de su relación con estos adolescentes que tantas veces nos hacen dudar de que valga la pena ser maestro. A aquellos alumnos que tuvieron detalles similares conmigo durantes estos años les animo a que sigan siendo generosos con quienes ponen corazón y dedicación en su trabajo como educadores.

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