ABAJO LA REFORMA DEL ABORTO
Andaba acabando un libro e iba acelerado. Gracias por no
echarme de menos.
Unos muertos en Ceuta y una infanta muy, muy cortita,
pasaron por la semana.
Cinco
días sin escribir en el blog. Hacía mucho tiempo que no me desligaba de esta
manera. Gracias por no echarme de menos, así puedo faltar más días y vaguear en
mi sofá. Esta semana andaba con el trabajo atrasado y ha tenido que correr para
acabar un proyecto que tengo entre manos de una publicación. He acabado hoy, ya
os contaré como va.
Ayer
me acerqué a una de esas manifestaciones contra la reforma de la ley del aborto.
Éramos unos 2000 de 200.000, un 1 %, si se entera Gallardón se apunta el 99 % y
obtiene un apoyo abrumador. Me acerqué porque esas ciento y pico mil mujeres
que desean abortar cada año es un número ingente de problemas y sufrimientos.
Me acerqué porque es incomprensible que, con la que está cayendo, estos del PP
se dediquen a mover aquellas cosas que nadie les pide. Creo que cuatro padres
han pedido la enseñanza en castellano y somos siete millones de personas, la
inmersión lingüística ha funcionado y meter la nariz ahí es tener ganas de
complicar las cosas. El poder abortar si piensas que no hay aún vida humana
formada en un feto de pocas semanas creo que merece el respeto de las personas
y cuatro curas rancios, que no se quedarán embarazados, no tienen derecho a intentar
decidir por cada mujer que se enfrenta a la decisión de interrumpir su
embarazo.
En
la manifestación había muchas personas mayores y bastantes jóvenes. Eran grupos
de jóvenes de los que llaman alternativos. Eché en falta a los que van de
normales o de pijos porque muchos de ellos también desearán poder decidir si se
encuentran con un embarazo no deseado. No podemos dejar que nos engañen con la
malformación del feto, no podemos conformarnos con un voto secreto en el
parlamento, tienen que saber que las mujeres tienen derecho a decidir sobre su
maternidad y, a ver si se enteran, a nadie le gusta abortar y menos en una
sociedad en la que hay peperos y curitas que se permiten el lujo de llamarlas
asesinas mientras comen junto a los banqueros que atesoran lo que les falta a
los que se mueren de hambre.
Solamente
dos párrafos más:
Estoy
harto de que se queden siempre en la valla de Melilla o en las aguas de Lampedusa,
los problemas están allá abajo, en el Àfrica subsahariana y allí es donde deberían
llegar ayudas para que estas personas no tengan que morir en el camino hacia un
sueño que en muchos casos acabará durmiendo en la calle y recogiendo cartones.
Qué hipocresía, echarse las manos a la cabeza con cuatro muertos (muy
respetables) e ignorar los millones de personas que mueren de hambre en el
olvido porque no salieron de su país para hacernos pasar vergüenza ante una
valla llena de cuchillas. Me siento racista, me siento mal y sé que esos
valientes que lo dejaron todo para buscar un sueño, que no querría el peor
tratado de nosotros, no merecen morir ahogados delante de unos policías que
tienen sus armas cargadas con pelotas ocupando sus manos en lugar de nadar para
ayudar a los náufragos.
Ojo: Ya os lo decía hace días,
tenemos una infanta que no sabe las cuatro reglas pero que además no se entera
ni de las condiciones de las personas que trabajan en su casa. Suspendamos a
quienes le dieron los títulos. ¡Vaya con el amor a su marido, le quiere cargar
todos los muertos! Yo Urdangarín preferiría que me quisiera menos…
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