sábado, 29 de septiembre de 2018


ESTAMOS EN OTOÑO
Aunque cambien el clima el tiempo no se detiene…
Volverán a caer las hojas para defenderse del invierno.
Quizá llueva y miremos desde la ventana a la monotonía.
                           Resultado de imagen de fotografias del otoño hojas cayendo

            Los mayores percibimos con más claridad la rapidez con que se esfuman las estaciones y con ellas los años. Tenemos mecanismos de defensa suficientes para olvidar que el tiempo corre inexorablemente y que no tendremos prórroga cuando el cuerpo comience a decir “hasta aquí hemos llegado”. El otoño es aquella estación que llama a la melancolía y la lenta caída de las hojas provoca momentos en que vemos como se esfuman los días.
            No es tristeza ni pesimismo, es aquel aviso de la realidad que no conviene olvidar para castigar a la rutina, en cuanto ande despistada, y crear momentos en que nos sonrían los ojos aunque sean actividades que otros consideren normales. Podemos sentirnos bien aunque estemos adormecidos por la educación que recibimos y por los hábitos sociales que nos rodean y este aviso nos pone en guardia para no dejarnos invadir completamente por lo que antes eran el fútbol y los toros…
            Hoy pueden ser las redes sociales, de nuevo el futbol o los múltiples canales de televisión, quizá una nueva ilusión por la que pelearnos o el sueño de ayudar a que los que viven fatal mejoren en su pobreza. Tenemos la suerte de que hoy podemos elegir mejor nuestros sueños aunque sigamos dependiendo de los de siempre y sea tozudo el entorno cuando abrimos los ojos y percibimos que todo continúa igual.
            Las prisas y las múltiples distracciones van haciéndonos olvidar que las hojas siguen cayendo, que el otoño ya llama al invierno y que el tiempo no piensa detenerse. Quizá cuando miremos los hermosos colores del bosque que dice adiós a los regalos de la primavera podamos recogernos, como los árboles, para organizar una vida que nos permita sonreír cada mañana.
            Al ser humano le cayó la suerte o la desgracia de pensar y percibir cosas maravillosas y otras de color oscuro. La religión fue una de sus grandes huidas para evitar sentarse a ver pasar las estaciones y le permitió soñar con la eternidad, alguna de cuerpo y alma o con jóvenes atractivos/as al lado. Nos tocó un siglo en que la ciencia ha alejado el cielo y el infierno al tocar tierra la razón, la mayoría quizá tenga la suerte de vivir a la espera de la eternidad y no podemos menos que tener envidia de la tranquilidad que debe habitar en sus mentes al ser capaces con la “fe” de aspirar al más allá.
            Ver caer las hojas lentamente acariciando mis paseos me hará sentirme bien y volveré por la noche a hablar con la luna y a mirar las estrellas, a elegir mis momentos mágicos en silencios conscientes, en unos versos, en una mirada o en un beso… sabiendo que el tiempo es limitado y no va a detenerse.

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