ESTAMOS
EN OTOÑO
Aunque
cambien el clima el tiempo no se detiene…
Volverán
a caer las hojas para defenderse del invierno.
Quizá
llueva y miremos desde la ventana a la monotonía.
Los mayores percibimos con más
claridad la rapidez con que se esfuman las estaciones y con ellas los años.
Tenemos mecanismos de defensa suficientes para olvidar que el tiempo corre inexorablemente
y que no tendremos prórroga cuando el cuerpo comience a decir “hasta aquí hemos
llegado”. El otoño es aquella estación que llama a la melancolía y la lenta caída
de las hojas provoca momentos en que vemos como se esfuman los días.
No es tristeza ni pesimismo, es
aquel aviso de la realidad que no conviene olvidar para castigar a la rutina,
en cuanto ande despistada, y crear momentos en que nos sonrían los ojos aunque
sean actividades que otros consideren normales. Podemos sentirnos bien aunque
estemos adormecidos por la educación que recibimos y por los hábitos sociales
que nos rodean y este aviso nos pone en guardia para no dejarnos invadir
completamente por lo que antes eran el fútbol y los toros…
Hoy pueden ser las redes sociales,
de nuevo el futbol o los múltiples canales de televisión, quizá una nueva ilusión
por la que pelearnos o el sueño de ayudar a que los que viven fatal mejoren en
su pobreza. Tenemos la suerte de que hoy podemos elegir mejor nuestros sueños
aunque sigamos dependiendo de los de siempre y sea tozudo el entorno cuando
abrimos los ojos y percibimos que todo continúa igual.
Las prisas y las múltiples
distracciones van haciéndonos olvidar que las hojas siguen cayendo, que el
otoño ya llama al invierno y que el tiempo no piensa detenerse. Quizá cuando
miremos los hermosos colores del bosque que dice adiós a los regalos de la
primavera podamos recogernos, como los árboles, para organizar una vida que nos
permita sonreír cada mañana.
Al ser humano le cayó la suerte o la
desgracia de pensar y percibir cosas maravillosas y otras de color oscuro. La religión
fue una de sus grandes huidas para evitar sentarse a ver pasar las estaciones y
le permitió soñar con la eternidad, alguna de cuerpo y alma o con jóvenes
atractivos/as al lado. Nos tocó un siglo en que la ciencia ha alejado el cielo y
el infierno al tocar tierra la razón, la mayoría quizá tenga la suerte de vivir
a la espera de la eternidad y no podemos menos que tener envidia de la
tranquilidad que debe habitar en sus mentes al ser capaces con la “fe” de
aspirar al más allá.
Ver caer las hojas lentamente
acariciando mis paseos me hará sentirme bien y volveré por la noche a hablar
con la luna y a mirar las estrellas, a elegir mis momentos mágicos en silencios
conscientes, en unos versos, en una mirada o en un beso… sabiendo que el tiempo
es limitado y no va a detenerse.
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