EL
VERANILLO DE SAN MARTÍN
Ha
llegado puntual a su cita con el otoño y el fraile generoso..
El
cambio climático ha respetado, entre tormentas, un vestigio del pasado.
También
días como estos irán desapareciendo si seguimos insistiendo.
Cuenta la historia “sagrada” que un
frailecillo muy bueno dio la mitad de su capa a un sin techo en un día de frío
otoñal y que el Señor como premio a su generosidad envió unos días de
temperaturas veraniegas para los días siguientes. El señor es poderoso y ha
hecho que durante siglos permanezca en nuestra memoria el gesto del buen
fraile. Ni el cambio climático ha podido aún con su fortaleza y hoy aún perdura
el veranillo de san Martín cuya festividad celebramos ayer.
Ajeno a tales milagros he salido a
pasear de buena mañana. Un aire fresco se agradecía a la sombra del calor que
regalaba el astro rey al que aquel dios ordenara apaciguar el frío de aquel
siervo del señor que solamente tenía media capa. El cielo azul, las nueves blancas
en el horizonte, el sol radiante y la sombra refugio para personas que salieron
abrigadas sabiendo que estamos en otoño.
Por unos días podemos olvidar las
riadas, las tormentas, los tornados, el viento huracanado y cuantos mensajes
nos manda la naturaleza de que el cabreo de los osos del Ártico puede estar
llegando a nuestras costas mediterráneas. Los hombres del tiempo no batirán estadísticas,
ni rescataran náufragos de coches atrapados por ríos desbordados, tendrán que
hablarnos de playas ocupadas por paseos placenteros junto a las aguas de un mar
tan azul como el cielo.
Hasta las hojas de los árboles han
detenido su vuelo sin saber si vamos hacia el verano o hacia el invierno.
Mañana habrá acabado el veranillo de San Martín, olvidaremos al sol caluroso y
al frailecillo de media capa, seguirán cayendo las hojas y volverán el viento
huracanado y las lluvias torrenciales porque tanto osos como focas siguen muy
enfadados.
Los políticos hablando de paz mientras montan
guerras para sus mercados de armas, paseando bajo la lluvia de París que les
engaña con un otoño normalizado en un mundo que ha declarado la guerra a la
Tierra. Flores por una paz antigua y contaminación como arma para una guerra
más mundial que aquella cuyos 100 años celebran.
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